Me preguntas por la Virgen y el Espíritu Santo,
respondo con un amén y me persigno.
Dejo que mi lengua
haga el resto
y recorra quieta
la palma de tus manos.
Bajo este árbol hay un sinsonte
mudo.
Yo devolveré a la ciudad
los adoquines y las rosas
entre procesiones de voces
silenciadas.
Devolveré
lo que la palabra
no solo no dijo
no dirá.
Poema