Me preguntas por la Virgen y el Espíritu Santo, respondo con un amén y me persigno. Dejo que mi lengua haga el resto y recorra quieta la palma de tus manos. Bajo este árbol hay un sinsonte mudo. Yo devolveré a la ciudad los adoquines y las rosas entre procesiones de voces silenciadas. Devolveré lo que la palabra no solo no dijo no dirá.