No toques la puerta.
Entra sin llamar.
Dejé la cama sin candado
y la noche sin abrigo.
Bésame donde no se ve,
muerde mi nombre,
déjame el pulso en la boca.
Y sudadas las sábanas.
Y si no vienes,
no importa:
ya me estoy haciendo tuyo
con las manos
que no son las tuyas.
Poema