El poema que todavía no existe

escarabajo azul

que en las mañanas

me doblegas.

No es siquiera la musa,

fantasma del verde

en la palma de mis manos

arriando estos huesos, mis pies.

Un Elegguá me cuida de ti y en el río los peces alumbran besos de torsos desnudos. Dejaré que el agua me cubra.