Abrí un silencio
en pleno delirio,
la cordura me observa a través de la ventana,
me enseña la herida,
tu manera de irte,
mi última certeza.
Me pide lo que nunca tuve:
un dios que se quede a desayunar,
una infancia sin goteras en enero,
donde aprender a caer
sin romper la vajilla.
Un perro que ladra a la luna menguante
y tu nombre escrito en cursiva.
Poema
Tres puntos suspensivos
LeoCNogueraun dios que se quede a desayunar , muy fuerte