Siluetas, desapego y prisión emocional
Abrí un silencio en pleno delirio, la cordura me observa a través de la ventana, me enseña la herida, tu manera de irte, mi última certeza. Me pide lo que nunca tuve: un dios que se quede a desayunar, una infancia sin goteras en enero, donde aprender a caer sin romper la vajilla. Un perro que ladra a la luna menguante y tu nombre escrito en cursiva.